tetera y recipientes para preparar la ceremonia del té

CEREMONIA DEL TÉ JAPONÉS

Japón se ha caracterizado históricamente por mantener unas tradiciones muy arraigadas. La mayoría están ligadas a la cultura y su transmisión durante generaciones ha permitido que convivan hoy en día en un mundo muy potente a nivel tecnológico. Algunas de esas tradiciones japonesas las hemos visto en libros o directamente en el cine. Directores como Akira Kurosawa, Yasujirô Ozu o Kenji Mizoguchi se han esforzado en que así fuese.

También la gastronomía ha derribado todos los muros posibles. El sushi, esa pieza de pescado y arroz que podemos encontrar en restaurantes y supermercados en casi todos los puntos del planeta, ha causado tal sensación que Michelín no dudó en otorgar, por primera vez, tres estrellas al restaurante de Jiro Ono, ubicado en Ginza, Tokio. Sí, has leído bien: un restaurante de sushi con tres estrellas Michelín.

La forma de preparar el arroz, de cortar el pescado y de la unión de ambos es objeto de estudio y aunque cualquiera puede hacerlo desde su casa, encontrar la excelencia es algo que ni siquiera Jiro, de 95 años, ha logrado. Al menos eso es lo que dice él.

Esa característica, casi innata, de la búsqueda de la perfección ocurre en Japón a prácticamente todos los niveles. Mezclando cultura, arte e incluso gastronomía, aunque podríamos sacar esto último de la ecuación, se encuentra la ceremonia del te japonés.

En los últimos años son muchas las personas que han sentido atracción por conocer y saber más acerca de ese ritual en el que se puede apreciar mucho de la forma de ser que tienen los japoneses. Solo así se entiende que para algo tan sencillo como un té se dediquen horas cuando el resto de los mortales simplemente calentamos agua y la echamos, junto con el té, en una taza.

La ceremonia del té japonés

Los monjes budistas fueron los encargados de llevar el té a Japón desde China. Al principio se tomaba por su carácter medicinal, aunque con el tiempo su consumo se tornó en algo más banal. En cualquier caso, los japoneses sintieron atracción y gusto por el té desde el principio y no tardaron en cultivarlo y comercializarlo por todo el país.

Con el paso de los siglos se fue experimentando con la producción de la planta de té y como resultado, allá por el siglo XII, se descubrió el té matcha, que tiene un color verde muy característico.

Esta tonalidad se consigue ocultando las hojas de té del sol para que alcancen un color más oscuro al tiempo que se hace más dulce. Una vez que la cosecha se ha recogido, dichas hojas son secadas antes de retirarles el tallo para ser molidas. El resultado es un polvo verde que recibe el nombre de matcha.

Apenas un siglo más tarde, en el XIII, los samuráis se hicieron fuertes al desarrollarse un gobierno militar en el país. Precisamente fueron estos guerreros los que empezaron a consolidar el gusto por beber el té matcha así como su producción, lo que sentó las primeras bases de la ceremonia del té.

Ya en el siglo XVI aparece la figura de Sen no Rikyu, considerado el padre de la ceremonia del té. Desde joven se había sentido atraído por este ritual y comenzó a formarse en este arte con tan solo 19 años. Sus conocimientos y su excelencia a la hora de la elaboración y puesta en escena era tan maravillosa que le valió para ser nombrado maestro del té de los daimios – palabra japonesa que se usa para referirse a los señores más poderosos del país entre los siglos X y XIX – Toyotomi Hideyoshi y Oda Nobunaga.

Su legado en este proceso es de incalculable valor. Se encargó de elevarlo a una categoría suprema y promover los principios de tranquilidad, respeto, pureza y armonía como la base de esta ceremonia. Creía que cada encuentro alrededor de esta bebida era único y que, por tanto, debía recibir un trato acorde.

En qué consiste la ceremonia del té

Aunque resulte obvio, el fin último en esta ceremonia es beber el té y entre medias se produce su elaboración. Lo que ocurre es que tiene una serie de connotaciones que engloba mucho más. De hecho, es parte de un modo de vida y filosofía conocido como Zen y representa la cultura e historia del país.

Partiendo de esa premisa hay que saber que la persona que guía este proceso ha de estar familiarizada con ciertas artes como la caligrafía, la cerámica, los arreglos florales, el incienso o el kimono. Y es que la duración de la misma alcanza las 4 horas, si bien para los turistas más impacientes se suelen saltar las primeras etapas y recortar 3 horas.

Precisamente los que asisten como invitados, que son grupos reducidos de entre 2 y 6 personas, también han de conocer algunos gestos simples, pero propios de la ceremonia, como la forma en la que se agarra la taza o se toma el té, la manera en la que hay que comunicarse e incluso la postura que ha de mantenerse.

En conjunto, la ceremonia trata de mostrar la simplicidad de la belleza que se oculta en todo ese proceso. Una secuencia perfecta, pero simple.

Durante este rito se consumen dos tipos de té: usucha y koicha. El primero es un té ligero, similar al que solemos consumir, mientras que el segundo es denso y por tanto tiene mayor cantidad de té. También se comen, aunque de manera ligera, tres o cuatro platos variados y tradicionalmente dulces; es lo que se conoce como kaiseki.

Su celebración suele realizarse en lugar habilitados. Las casas tradicionales japonesas suelen contar con una habitación o un espacio en el jardín para llevarla a cabo y han de estar preparadas para la ocasión. Es el anfitrión el que se encarga de todo el proceso.

Cuando se produce una ceremonia más escueta, y menos protocolaria, en la que se sirve el usucha y un tentempié, conocido como tenshin, recibe el nombre de Chakai, mientras que el ritual más tradicional es llamado Chaji.

Dónde estudiar la ceremonia del té

Convertirse en maestro de este rito Zen no es nada sencillo, pero puedes adentrarte en el mundillo acudiendo a alguna ceremonia o recibiendo algunas lecciones.

Así, en Madrid es posible formarse gracias a los cursos de Chado, que significa el camino del té, en Bonsaikido, una escuela enamorada de la cultura nipona. Se ofrece la oportunidad de realizar cursos trimestrales, talleres o cursos de verano, entre otros, pero lo mejor es que contactes con ellos para conocer más detalles.

También puedes volar hasta el continente asiático e inscribirte en alguna de las academias que ofertan esta formación. En Kyoto se encuentra Urasenke, por ejemplo, que cuenta con programas pensados especialmente para extranjeros. Dado que el idioma oficial del país es el japonés, y no es una lengua sencilla de aprender y hablar, allí se reúnen, en grupos pequeños, personas llegadas desde todos los puntos del planeta. Llevan más de 60 años formando maestros del té.

Acudes a clase en kimono y das asignaturas tan dispares, pero íntimamente ligadas a la ceremonia, como historia de Japón, historia del arte, historia del té, caligrafía o cocina japonesa.

 

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